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Embajador gringo

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James “Wally” Brewster

Por: Francisco Luciano

El más reciente discurso del embajador de los Estados Unidos, me hizo recordar los días previos a su llegada al país, cuando un conjunto de instituciones, fundamentalmente ligadas a la comunidad cristiana, objetaron su instalación como representante diplomático de los Estados Unidos en nuestro país, por su condición de gay confeso.

En la oportunidad fijamos nuestra posición en un artículo que recoge la prensa digital y  que fue colgado en nuestro portal www.franciscoluciano.com,  reconociendo el derecho de Estados Unidos a designarlo, pues la condición de homosexual no es prohibida en las leyes de nuestro país, aunque también advertimos  que,   “Un embajador gringo siempre va a representar los intereses de su país, en tanto que potencia imperial y siempre tratará de intervenir o de influenciar en los asuntos domésticos del país donde se encuentre para beneficio de los suyos, pero solo tienen éxito si encuentran autoridades locales de cera o serviles en el país que los acoge”

Al hablar con motivo  de celebrase el Día de Acción de Gracias en su país, el embajador se sirvió con la chuchara grande,  sacaliñando las “ayudas y los aportes” que realiza su nación en favor de los dominicanos y estrujando con desparpajo,  nuestras supuestas o reales prácticas corruptas y aunque muchos aplaudieron y otros de manera oportunista, lo asumen como una crítica al gobierno de turno, no fue exclusivamente así,  pues al generalizar  nos incluyó a los diez millones de dominicanos en el mismo saco,  con lo que cometió un error catastrófico, inaceptable para quien maneja el arte de la diplomacia, pues el más bisoño de los diplomáticos sabe que la diplomacia  se ejerce basada en distinciones.
 
Sus denuncias de corrupción y de falta de transparencia, que nadie en su sano juicio va a negar existen en nuestro país, así como el sacaliñámiento de las “ayudas y colaboración” de su gobierno con nosotros, no fueron acompañadas del justo reconocimiento a los esfuerzos de los dominicanos para frenar el trasiego de drogas y de personas hacia su nación,  así como tampoco reconoció los esfuerzos que para prever y perseguir la corrupción se vienen realizando  desde distintas esferas del gobierno y la sociedad, con la implementación de procesos que como los sorteos de obras públicas contribuyen a la transparencia que reclama.

Al hacer referencia al 25 de Noviembre como el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer,  el señor embajador no reparo en que el asesinato de las Hermanas Mirabal, fue ejecutado por el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina,  promovido e impuesto como gobernante en nuestro país  por los Estados Unidos, tras ocuparnos durante ocho años  entre 1916-1924.

El embajador no fue nada autocritico, ni se refirió a que su gobierno  propicio el derrocamiento del presidente más decente que ha tenido la República Dominicana  y que luego nos  ahogó en baño de sangre, con la invasión militar de 1965 donde  murieron cientos de mujeres y niños  inocentes,   para los que ahora,  de manera conveniente, reclama derechos y respeto.
 
Obvió  reconocer que en el pasado empresas eléctricas, mineras y telefónicas de su país, nos impusieron contratos  aprovechado las debilidades que ahora denuncia.   Olvidó que el  encargado de comercio  de su país  en persona trató de presionar al ex presidente Leonel Fernández  para que beneficiara a empresarios de los Estados Unidos renunciando  a nuestro derecho de cobrar los impuestos correspondientes a la plusvalía,  al momento de efectuarse la venta de las  acciones de capital norteamericano en la empresa CODETEL.
 
El diplomático que  en su discurso reclamó tolerancia y respeto  para las minorías, fue traicionado por  la arrogancia propia del intolerante  que  finge ser un demócrata,  al indicar que, quienes no estén de acuerdo con sus comentarios pueden devolver la visa de los Estados Unidos, cometiendo el desatino de adjudicarse  derecho para opinar sobre los asuntos internos de un país que no es el suyo y donde pese a que  no es bienvenido por amplios sectores nacionales,  se le permite  husmear por todas partes como Pedro por su casa.

Con ese   pronunciamiento dejo brotar su carácter autoritario y de intolerancia al disenso,  probando de manera irrefutable que está dispuesto hasta a desconocer los derechos de las personas a transitar libremente como ciudadanos del mundo, si estas no se inclinan ante sus puntos de vistas o contradicen sus opiniones, negando un principio cuyo   pregón más destacado en el mundo es precisamente  Estado Unidos de América.

Al generalizar sobre la corrupción  en nuestro País, dejo de lado todos los escándalos de corruptela  protagonizados por funcionarios,  agencias de gobierno  y empresarios de su país en el mundo y no reparó en que  en Estados Unidos, existen personas y grupos corruptos e  intolerantes frente a las minorías, cosa que no es  política oficial de su gobierno y mucho menos cultura de toda su población.

A nosotros nos queda claro que las acciones de  grupos como el KKK y  los pronunciamientos descompuestos de aspirantes a presidir a los Estados Unidos, contra los mexicanos, latinos y negros,  en nada comprometen la carta democrática que rige a esa gran nación.  Que uno u otro funcionario o empresario estadounidense, estafe a su propio gobierno o a gobiernos extranjeros,  no nos lleva a  cometer la ligereza de generalizar  ese tipo de inconductas sobre el  gran  pueblo estadounidense.

El embajador que reclama honestidad, transparencia, respeto  y tolerancia, está obligado a ser honesto, transparente, respetuoso y tolerante con quienes, por la razón que sea, no están de acuerdo con sus puntos de vistas, creencias u opiniones, pues las relaciones de cualquier índole,  deben efectuarse de mutuo acuerdo entre las partes.  Obrar de otra manera es intromisión e injerencia.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.

Última actualización el Miércoles, 02 de Diciembre de 2015 11:12