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La soberbia yankee

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Roberto Rosario

La información  que da cuenta de que  el Departamento de Estado de los Estados Unidos retiró la visa que para ingresar a su territorio había otorgado al doctor Roberto Rosario, tanto  de su pasaporte personal como  del oficial, viene a cumplir la advertencia  que el propio Roberto Rosario reveló le hizo el señor Embajador de los Estados Unidos hace unos meses, cuando tuvieron diferencias por asuntos de nuestra soberanía que competen a las funciones que realiza Roberto.

Cada país es soberano y tiene el derecho a decidir a quién permite ingresar a su territorio, por lo tanto la decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos  es un derecho constitucional que le asiste.

Ahora bien, la acción es un acto no amistoso del gobierno de los Estados Unidos  no con Roberto Rosario, sino con República Dominicana, pues se trata de un funcionario del más alto nivel de nuestro pequeño, pero soberano Estado.

Esta decisión, se presume como el resultado de la intolerancia gringa, frente a las diferencias  sostenidas entre Roberto Rosario y el Embajador de los Estados Unidos en el país, sobre la aplicación  de la Sentencia 168-13, y la manera de conducir las pasadas elecciones.

Es de todos conocido que la Embajada de los Estados Unidos solicitó se le acreditara como observadora en el pasado proceso electoral, lo que Roberto Rosario consideró inapropiado pues ningún Estado tiene  derecho de observar los actos soberanos de otro, sin que esto sea considerado una intromisión.

De igual manera todos debemos recordar que el Embajador de los Estados Unidos denunció  que más de quinientos ciudadanos dominicanos habían sido despojado de su nacionalidad, a lo que Roberto Rosario respondió calificando la denuncia  como una mentira y pidió se proporcionaran las pruebas, al tiempo que estableció que a partir de ese momento cualquier información que el señor Embajador pudiere requerir del organismo que preside debería solicitarla vía la cancillería dominicana,  puesto que el embajador no creía en la JCE y la JCE  tampoco creía en el Embajador.

De igual modo Roberto Rosario dispuso la apertura de una oficina de la JCE en la propia cancillería dominicana con el propósito de que el Embajador de los Estados Unidos y el de la Unión Europea que también denunciaba despojo de nacionalidad a dominicanos de origen haitiano, presentaran allí los casos de que decían tener información.  No se debe olvidar que en seis meses,  se presentó un solo  caso en dicha dotación, y que  además no fue  presentado por ninguna de las dos embajadas.

La decisión del Departamento de Estado es un acto de soberbia y no amistoso para con nuestro país y es una brillante oportunidad para que la clase política de la nación demuestre la calidad de su pasta y rechazando dicha medida,  pues se trata de una acción funcionarios intolerantes  de un país que a nadie pide opinión para adoptar sus decisiones soberanas, pero que  pretende se le pida  permiso al momento  de tomar las decisiones ajenas.

Roberto Rosario ha prometido referirse al tema en el momento que considere oportuno y sabemos que lo hará en el plano del respeto que le caracteriza, pero si de algo puede estar seguro es de que sus actuaciones en defensa de nuestra soberanía  como Estado libre nunca serán cuestionadas y serán reconocidas por la presente y futuras generaciones de dominicanos, pues ya lo dijo en 1869  el general Gregorio Luperón al referirse a la intromisión del presidente de los Estados Unidos Ulises Grant  en los asuntos internos de la República Dominicana, “Las estafas de este género no tienen porvenir, no se borra una nación, por pequeña que sea, como una huella estampada sobre arenas…

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.