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sueno-intranquilo

Eran las tres de la mañana y José Paulino no podía conciliar el sueño, junto a sus esposa Laura y sus tres hijos: Víctor, de cinco años y las gemelas Elisa y Sailé de seis.  A más del rudo calor del verano caribeño en ese mes de agosto, le atormentaban  las picadas de los zancudos que no desperdiciaban oportunidad para nutrirse de la sangre de aquella familia que sufría los embates de los largos espacios en que faltaba el suministro de la energía eléctrica.

Llevaban meses viviendo la pesadilla descripta, que se les hacia mas dolorosa cuando su vecino de al lado encendía la ruidosa planta que  sumada al calor y al despiadado ataque de  los mosquitos le hacían vivir cada noche un verdadero infierno.

 Noche tras noche era lo mismo.  Se iba la luz, se encendía la ruidosa planta, aumentaba el calor y se aprovechaban los mosquitos del especial de sangre de la familia Paulino.

Otros vecinos se quejaban de  vivir el mismo episodio que podría aminorarse si la planta tuviera por lo menos un silenciador que redujera sus estruendosos sonidos que en el silencio de la noche apagada se tornaban mas ensordecedores.

José Paulino y su amigo Nicasio Nova, afectados por la situación de la planta, pues cada noche la energía eléctrica era retirada a las 10:30 y regresada poco después de las 4:30 de la madrugada, decidieron hablar con el propietario de la misma, Juan Contreras a quien explicaron el calvario vivido por ellos y sus familias cada noche.

¿Y que quieren ustedes que yo haga? ¿Qué duerma con calor y mosquito porque  ustedes no tienen planta para prender sus aires?

-No vecino. Lo único que queremos pedirles es que le ponga un silenciador a la planta para que haga menos ruido, es que todas las noches nos desvelamos y los niños se duermen en la escuela y nosotros rendimos poco en el trabajo?

¿Ósea que lo que yo tengo para gasolina, lo voy a meter en un silenciador para que ustedes duerman?  Yo creo como que ustedes se están volviendo locos.

Los apagones siguieron y cada vez la planta hacia mas ruido. Nicasio le propuso a José sabotear la planta, pero José le razono que debían buscar otro método porque si hacían eso caerían presos y se complicarían las cosas.

-¿Qué hacemos dijo Nicasio, porque Cristina y los muchachos se me están poniendo agresivos con el estrés? ¿Cuando tú vienes a ver José, me vuelvo loco y le entro a palos al carajo ese?

-Cálmate Nicasio.  ¿Me dijiste que tienes una grabadora?

-Si. ¿Y que con eso?

-Préstamela y quédate quieto, creo que hemos encontrado la manera de resolver este problema para siempre.

Nicasio entregó a José la grabadora sin tener  la menor idea de lo que este se proponía hacer. Llegada la noche, José saco dos grandes bocinas  de un potente radio que había buscado prestado donde su hermano Chacho,  colocándolas entre el callejón que dividía su casa con la de Juan Contreras y tan pronto se fue la luz puso a grabar el ruido de la planta hasta que a las dos horas se llenó la cinta y se agotaron las pilas.

A las tres y media de la mañana cuando llego la energía eléctrica y Contreras apago la planta, José Paulino encendió su radio con las bocinas tirando para las casa de Contreras el concierto de la planta.

Contreras salio de su casa dao al pecao reclamándole a Juan que apagara esa cosa, que si se estaba volviendo loco, que no podía dormir y que si no la apagaba le llamaría la policía.

Nicasio que no entendía porque la planta continuaba encendida si había llegado la luz se levantó para comentarle a José, pero al ver lo que sucedía no podía contener la risa ante la cara de estupor de Contreras, pero sobretodo por la genialidad de su amigo que no abrió la puerta por más que le tocaron.

Contreras abordo a Nicasio y le dijo:

-¿Tu crees que es justo que el haga esa vaina y no nos deje dormir?

-Nicasio le miro fijamente a los ojos diciéndole: ¿Mira como te sientes tú por un ratito con  ese ruido y con el aire prendido, imagínatelo a él con calor, con los  mosquitos  picándoles, sus hijos llorando y ese rudito seis horas todas las noches?

La noche siguiente, todos durmieron mejor pues como por arte de magia, ya la planta no hacia tanto ruido.